“En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento”. Estaba yo explicando a mis alumnos de 2º de bachillerato este párrafo con el que Nietzsche inicia su escrito Verdad y mentira en sentido extramoral, cuando, al referirme a la película 2001, Una odisea en el espacio, hubo un alumno que se lamentó de no haber entendido nada de ella, pese a haberla visto varias veces. Kubrich no estaba intentando recrear ese primer minuto “altanero y falaz de la historia” tal y como lo interpretó Nietzsche. Sin embargo no debió andar muy lejos cuando él mismo elijió un fragmento de la obra Así habló Zaratustra de Richar Strauss, compuesta en homenaje a Nietzsche, para sugerir el impacto que la escena debía producir en el espectador.
Soplo divino, altanería de un ser curioso o herencia de extraterrestres, la inteligencia es la facultad natural que más interrogantes ha planteado al hombre. Y seguirá planteándolos, por mucho que se empeñen en extender los derechos humanos a los simios como una “normalización” ajena a cualquier complicación filosófica.
La que no debe ocasionarte dudas es la película de Kubrich. Para ello aconsejo visitar la página http://www.kubrick2001.com que, estoy seguro, desveló al alumno todas las claves que le permitieron entenderla. Consiste en una aplicación Flash y es un ejemplo ilustrativo de la utilidad didáctica que tiene esta tecnología y a la que me referiré otro día.

1 comentarios:
Es tan arrogante el ser humano. No importa cuántos millones de años hayan transcurrido para traernos la civilización, aún vivimos en las cavernas, aunque ahora las construimos.
Manuel Manrique
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